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16/09/2008

SHIVA Y EL YÔGA

"Cierta vez un famoso bailarín improvisó algunos movimientos instintivos, pero extremamente safisticados gracias a su virtuosismo y, por eso mismo, lindísimos. Ese lenguaje corporal no era propiamente un ballet, pero sin duda había sido inspirada en la danza.

La arrebatadora belleza de la técnica emocionaba a cuantos asistían a su expresividad y la gente al bailarín que le enseñase su arte. El así lo hizo. Al comienzo, el método no tenía nombre. Era algo espontáneo, que venía de dentro, y solo encontraba eco en el corazón de aquellos que también habían nacido con el galardón de una sensibilidad más refinada.

Los años fueron pasando y el gran bailarín consiguió transmitir buena parte de su conocimiento. Hasta que un día, mucho tiempo después, el Maestro pasó a los planos invisibles. Su arte, sin embargo, no murió. Los discípulos más leales lo preservaron intacto y asumieron la misión de retransmitirlo. Los alumnos de esa nueva generación comprendieron la importancia de ser también instructores y de no modificar, no alterar nada de la enseñanza genial del primer mentor.

En algún momento de la Historia ese arte tomó el nombre de integridad, integración, unión: ¡en sanscrito, Yôga! Su fundador ingresó en la mitología con el nombre de Shiva y con el título de Natarája, rey de los bailarines.”

Texto extraído del libro Yôga Avanzado, SwáSthya Yôga Shástra, de DeRose.